El ebro y la noche. (Relato. Dana Andrews.) 1/06/09

junio 1, 2009 at 1:09 pm (Relato.)

“Estoy viendo al ancho río discurrir en calma, pausado y en silencio para no despertar a la noche. Es curioso cómo el viento me trae unas gotas de su agua directamente a los ojos. Es tan curioso que puede no ser verdad y que éstas gotas de sal tampoco sean del mar sino que, procedentes de mi interior, son recuerdos y añoranzas convertidos en lluvia.

La estoy buscando con mucho afán dejando a un lado las luces de la ciudad, pero ésta noche no hay luna. ¿Por qué se esconde siempre la luna cuando ella no está? o ¿por qué se oculta siempre que “mi” chica está triste?. Me falta ella y me faltan las estrellas porque al lado de ellas mi niña es la más bella.

Sentado en un banco mis ojos humedecidos se sumergen en el agua negra de un río nocturno. Pienso en cuántas vidas ha visto pasar el señor Ebro por delante de sus ojos de piedra romana y antigüa. Al ponérmelo a pensar casi me entran escalofríos por su antigüedad. Entonces, ¿qué le puede importar ahora un jóven envejecido perdido en ésta ciudad?. Me gustaría ser el río, tranquilo e impasible… siempre por el mismo camino, siempre sin descarrilar porque sabe dónde tiene que desembocar. En cambio, mi vida a temprana edad ya me ha descarrilado y descarriado varias veces, y ahora soy un tren de cercanías perdido en una vía sin estación de destino. Puedo ser un tren al trote loco de no saber adónde va o puedo ser un vagón pintado, destrozado y olvidado detrás de la estación de Canfranc. Hasta ahora nunca he encontrado estación donde reposar y, justo una vez que la encontré, me cambiaron de agujas sin avisar. Así que nunca llegué a desembocar.

Sigue el río caminando orgulloso de saberse el camino. Me mira con descaro, con esos ojos empedrados y me susurra que siga su navegar ya que él tiene un sitio al que llegar. Después el río se rió al explicarle que no sabía nadar. ¿Estará contento con su desembocadura?. ¿Estará el Ebro enamorado de Tortosa?. Yo no lo sé, pero ya lleva mucho tiempo así. En cambio yo, parezco condenado a estar perdido el resto de mi vida y… no es ser negativo sino tener memoria… no hablo yo, habla mi experiencia.
Después de todo soy un riachuelo sin importancia que nisiquiera merece desembocar, que escribe versos bajo una farola, que sabe dónde quiere acabar, que ya no da pie con bola y que no quiere continuar. ¿Qué harías tú, Iberus, si quisieras desembocar en un delta ocupado?, ¿qué harías tu, Ebro, si estuvieras toda tu vida sin ver el mar?.

El calor del día se torna en repentino frío de final de mayo al igual que, después de la pasión, se refrescan sus suaves mejillas. En fin, yo creo que ésto no ha sido más que un mal ensayo de un tren que no deja de descarrilar. Sé cuál es mi estación y conozco mi desembocadura, y la amo con locura… pero cada vez le veo peor solución.

Ésta ha sido mi noche y éste ha sido mi Ebro en el que no brilla la luna y los recuerdos yo ya no enhebro”.

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Ninguno de nuestros sueños se hará de plata. (Relato. Yuste.) 26/05/09

mayo 26, 2009 at 10:17 am (Relato.)

Es como un susurro. Como un suspiro. Como un no que se agota.

Pasa delante de mí, delante del espejo de mi mirar, y el cielo se abre y me siento gilipollas.

-¿Te pasa algo?- me pregunta.

-No, no me pasa nada.

-Pues nada, tú siempre con tus misterios-se ríe. Sabe que no suelo abrir la boca. Sabe que suelo callarme. Sabe que indago en el fondo de cada uno pero mi interior no hay quien lo toque, porque sólo hay…

-Todo el mundo tiene sus secretos. Todo el mundo se los merece.

-Pero hoy hace un buen día, y el sol brilla y todas esas cosas. ¿Por qué lo pintas todo siempre tan tenebroso? Anda, pidete otro tercio, a ver si así te alegras un poco y lo sueltas.

-No me pasa nada. Simplemente estoy cabreado.

Ella abrió los ojos como platos.

-No me mires así-le repliqué.

-Bueno, pues vale. Pero por una vez que te lanzas…-Miró hacia el cielo, distraída. Las nubes tomaban forma de incógnita.

-Es la inspiración.

-¿Qué te pasa?-se extrañó- Últimamente escribes mucho, y bien.

-Ese es el problema. ¿Sabes cuando un escritor escribe bien? Cuando está inspirado. ¿Y sabes cuando está inspirado? Cuando siente la bofetada de la impotencia atenazándole los malditos sentimientos. Y yo me encuentro así, ahora mismo.

-¿Pagamos y me lo cuentas por el camino? Se me va a escapar el autobús.

No tenía ánimos ni para contar las monedas. Abrí la cartera y dejé lo de ambos.

-No hace falta-me dijo ella.

-El dinero es dinero-triste, pesado, tan gris como los misterios.- El dinero es dinero-repetí.

-Hoy estás especialmente raro-observó emprendida la marcha tras sus oscuras gafas de sol.

-Ya se me pasará, tranquila.

-Pero no te pases de listo…-apuntó mientras cruzábamos la calle y el susurro de pasos, palabras, y ruedas, atormentaba mi garganta y golpeaba mis pensamientos, lubricándolos con ácido sulfúrico.

-Vale, vale. Escribo cuando algo me va mal, cuando veo algo imposible, como si mis metas fueran un mito, o como si fuera Zeus a punto de recibir la noticia de que no existo. Así me siento. Me veo incapaz de seguir adelante.

-No sé, ¿acaso no es tu sueño ser escritor?

-¿Ser escritor? Con que me leas tú ya me siento conforme.

-No seas tonto. A muchos les gusta lo que escribes.

-Y a muchas-bromeé.

Siempre bromeando, incluso atravesando ese arco, con el sol acariciando su rostro blanquecino como la fría nieve de su tacto, y su cabello rezumando ilusiones de cristal.

-Sí, y a muchas. Entonces, ¿cuál es el problema? ¿Qué es imposible?

-Las musas.

-¿Las musas?-se preguntó.

-Sí. Esas niñas que me obligan a agarrar la pluma y escribir y escribir y escribir como si se me fuera la vida . Pero en realidad se me va la vida por ellas-confesé, como si el tema no fuera con ella.

-Eres todo un romántico. Mujeriego, pero romántico-aclaró ella entre risas mientras llegábamos a la gran vía y apartabamos a tortazos los ciento de torpes que nos impedían cumplir nuestra misión, con su sucio aliento a ignorancia, y sus envejecidas ideas, como papiro antiguo.

-Los románticos se mataban a los 20 años. Yo nunca moriré por una mujer.

-Pero sigues siendo mujeriego.

-Siempre lo seré. Sin embargo, hay algo en lo que te equivocas-A veces me ponía demasiado serio. Esta era una de esas veces.

-¿Por?

-Porque no me interesan varias mujeres. Me interesa una.

Y durante un segundo era la mujer.

Nos detuvimos, esperando a que la bruja pasara y la arrancara de mi lado, sin poder hacer nada. El tiempo corría y mi corazón padecía las consecuencias.

-¿Quién es esa mujer?

¿En qué momento se quitó las gafas para quedar prendado por su mirada? ¿En qué momento decidí quitarme la careta y mostrarme como un gilipollas?

-Ninguna-contesté.

Y sacando fuerzas de dónde el bebé aprendió a llorar, acaricié su mejilla, tan cálida, tan pálida, tan hermosa, y acerqué sus labios a los míos, tan lejanos como dos cordilleras, una enamorada de la otra, y su cintura, y su perfume, y su cabello…

Solo cuando estuve apunto de despertar, comprendí que ese instante era poesía, que era mi musa, que era la niña que me ayudaba a cumplir el sueño de ser escritor.

-¿Qué?

Quería saber porqué me había alejado de ella sin siquiera haberla besado. Quería saberlo. Y yo, que lo sabía, no quería reconocerlo.

-Ninguna-contesté-. Ninguna.

Y me alejé de allí entendiendo, con una sonrisa estúpida, que ninguno de nuestros sueños se hará de plata.

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Al fondo del Balcón. (Relato. Yuste.) 18/05/09

mayo 18, 2009 at 10:02 am (Relato.)

-¿Qué haces? ¿Qué demonios…? ¿Qué ha pasado aquí?

-Hola, cariño…

-¿Qué llevas en la mano? ¡Enséñamelo, estúpido!

-Tranquila… son solo drogas.

-Dios… pero, ¿qué has hecho? El whisky, el ron, el tequila, el vodka, todas la botellas vacías, todo patas arriba…

-Dios no tiene nada que ver con esto, la decisión ha sido mía, y solo mía. Necesito apoyarme en alguna parte, casi no puedo ver, casi.

-¿Qué has hecho? ¿Para esto me llamas? ¿Para ver como acabas contigo? ¿Para que vea lo mal que estás?

-No, para que me veas tal y como soy justo antes de morir. Porque creía que irme solo sería maravilloso pero empiezas a recordar lo que deberías y no deberías y me he acordado de ti. Me he acordado… Me he acordado del mundo y de las casualidades, de como nos encontramos, y de como nos separamos. Déjame que me siente, déjame que descanse.

-¿Cómo que morirte? Me estás asustando. ¡Llamaré al hospital!

-No.

-¡Estás fatal!

-No, por favor, no lo hagas.

-Déjame hacerlo.

-¡Noooo! ¡Acercate, ven, más cerca, y mírame a los ojos! ¡Mírame a los ojos!

-Dios… deja de llorar, déjame ayudarte.

-Mírame a los ojos y entiéndeme. Necesito irme. Necesito dejar de pensar y de creer que puedo ayudar al mundo con mis escritos, mi poesía, mis palabras. Por eso bebo y fumo, para olvidar que puedo pensar, para olvidar que soy una persona y creerme animal, como todos los de fuera. Para dejar de entrar en razón, y sentirme bien, aunque sea mentira. Como sus vidas, que son de mentira. Yo quiero vivir mi mentira, déjame vivir mi mentira, y morir de verdad.

-No, no hagas eso. Ve a un psicólogo, o algo. Necesitas ayuda.

-Eso dicen. Necesitas ayuda. Necesito ayuda por sentirme diferente, por no ser correspondido, por ser vapuleado y machacado. No, me equivoqué al nacer. Lo hice en el lugar, en la fecha, y en el cuando equivocado. No, no puedo quedarme, y tú lo sabes muy bien. ¿Sabes lo que cuesta ver que todo en lo que trabajas durante años se convierte en arena? ¿Sabes lo duro que es? ¿Sabes lo difícil que es comprender, que para eso por lo que tú creías que valías no existe?

-Llamaré a urgencias…

-¡NOOOOOOO! El mundo necesita una ambulancia. Yo necesito una explicación. ¿Por qué lo permite? ¿Por qué todo el mundo se queda tan tranquilo viendo como todo en lo que creían estalla en mil pedazos y se clava, como cristales afilados, en su pecho? Sí… ellos están como yo, doloridos al ver sus sueños rotos. Despiertan y todavía siguen ahí. No he conocido ni una sola persona que de verdad tenga ganas de vivir. Y yo me siento solo, sin ganas de nada. Ya no soy un guerrero, probablemente nunca lo fui. Los caballeros nunca existieron, solo la sangre y las cabezas cortadas. Los paisajes bucólicos, el carpe diem… Las damas de tez blanca como la nieve, murieron en sus cuadros, murieron en sus poemas, en sus relatos, al igual que yo muero en el mío.

-Por favor, no hagas esto.

-No llores, y escúchame.

-No quiero escucharte, ¿vale? Hay miles de motivos por los que vivir, hay miles de… de estupideces por las que seguir adelante. Puede que el mundo no sea perfecto, que la gente no sea la ideal, que muchos de los valores en los que crees ya no existan…

-…los valores han muerto…

-…pero hay gente que te espera y te respeta. Siempre hay sueños por los que luchar, sueños por los que seguir adelante, sueños por los que vivir.

-Hace tiempo que no duermo. Hace tiempo que no cierro los ojos, y al abrirlos, me siento descansado. Hace tiempo que no soy capaz de creer en nada, que me tumbo y empiezo a llorar como si fuera un bebé. Pero no hay madre que sepa consolarme, ni alimento que cubra mi hambre. Los idealistas han muerto, y su fruto ha llegado a la tierra, se ha podrido, y de la semilla solo han surgido espigas. Me duelen los pies, me duele la mirada. ¿Dónde está ahora ese que se acerca a limpiarte las impurezas? ¿O aquel último que solo le interesa la geometría? ¿Y aquel que ayudaba por ayudar? ¿Dónde está ese héroe? ¿Dónde están los héroes? Odio a los héroes por desaparecer de este mundo. Los envidio por haber comprendido que lo mejor era marcharse. Me marcho con los héroes, a aprender de ellos.

-No… las drogas hablan por mí.

-Las drogas hablan por mí pero con mis palabras. Con lo que siempre quise soltarle al mundo a la ¡CARA! ¿Sabes que pensé un día? Juzgar cada alma del mundo, y si no pasaba la criba, pum, bala en la cabeza. ¿Crees que voy de coña? Mira en ese cajón, ahí está el arma…

-…joder…

-Cuando la compré, me senté en este mismo sofá, la miré, la cargué, y rememoré los rostros de todas y cada una de las personas con las que me había cruzado. Sentí lástima. Tan perdidas…

-¡La gente no está tan perdida como piensas!

-Lo está más. La gente sonríe en la calle. Al chico que limpia las botas. Al que reparte periódicos. Al de las flores. Al del piano. Cuando llega a casa, ¿sabes que hace? Saluda a su familia, se mete en la ducha, y llora, confundiendo agua dulce con salada. Y para él eso es suficiente. ¡No cambiar su vida! ¡No cambiar su forma de ver las cosas! ¡No! ¡Llorar y redimirse! Por eso guardé el arma, porque si tenía que pegarle un tiro a todo aquel que no quiere cambiar, tendría que ser yo el primero. Sufro por querer cambiar la realidad. Y ahora mismo estoy siendo el primero en recibir esa bala, y duele mucho. Demasiado.

-No te rindas, por favor.

-Sí me rindo. Y esta vez te lo pido yo por favor. Si la gente no quiere cambiar, no quiere luchar, y quiere seguir rodeado de tanta mentira, de tantos engaños, y de tanta falsa felicidad, ¿no tengo yo derecho a desaparecer? ¿No tengo yo derecho a elegir que no quiero vivir rodeado de gente así?

-Es una locura.

-Sí, es una locura. Y ahora me voy de este mundo de asesinos. Yo jamás seré aclamado, jamás escribirán sobre mí, porque el arte ha muerto, los clásicos han sido enterrados, y solo importa la ignorancia. Sonríen porque creen que deberían sonreír, pero ni ellos mismos podrían asegurar porqué lo hacen. El arte ha muerto, y yo no puedo vivir en un mundo sin arte. No hay sitio aquí para gente como yo. No debería haber sitio para ningún tipo de gente. Me voy, y mientras el infierno esté vacío, tomaré el sol con los bandidos, los rufianes, y los románticos.

>>No digas nada, escuchame. Les tendí la mano. He visto delante de mí a gente sufriendo de verdad. Por los sentimientos, por una verdad, por una mentira. He intentado ayudar, y no he conseguido nada. No… la gente no quiere ser ayudada. El amor ha muerto.

-El amor nunca morirá.

-El amor siempre ha estado muerto. Lo dejamos tirado en la cuneta un día de nuestras antiguas vidas, y cuando descubrimos el crimen disfrazamos al primer estúpido que pasó. El amor ha muerto, y yo me voy con él.

-No… no te vayas…

-Sí, me voy. Diles a todos que he fracasado, diles a todos que les regalo mi orgullo, ¡que no lo quiero!

-No digas tonterías, no te vas a ninguna parte.

-Me voy… Debo irme. sujétame entre tus brazos, que al final de mis días sienta que existe algo… Sujétame no para vivir, sino para morir… que en el último segundo de mi vida, sienta de verdad…

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Tan real. (Relato. Hervàs.) 9/05/09

mayo 9, 2009 at 1:04 pm (Relato.)

-¿No te das cuenta que apareció de casualidad, que nada estuvo planeado… que todo fue sin pensar?.

-Lo sé, pero llevas meses y meses en tu puñetera madriguera, para nada eras la misma que movía el mundo con sólo soplarlo. Era imposible pensar que algun día llegaran a destrozarte el alma… Eres masoquista, ¡Sí! es eso, te envuelve un halo de masoquismo, en realidad te gusta estar así… no le encuentro otra explicación.

-Tú, no sabes nada, no sabes lo que es sentir, lo que es querer con las entrañas, no sabes lo que es la sensación de un pinchazo en la boca del estómago cuando de verdad te hieren. Únicamente te dedicas a castigarme, cuando no sabes lo que es estar como yo… No es justo, lo sabes. Pero en realidad nadie sabe la manera de ayudarme, y tu crees que es la mejor forma, pero tu terapia de choque no funciona, lo sabes… llevas meses intentándolo¿y de que ha servido?… de NADA!

– Sinceramente, creo que el martirio que tienes tu sola, te lo mereces por IDIOTA. Se te avisó, se te dijo, y tu por cabezona, hasta que no te chocaste contra el muro… no paraste… no paraste quieta. Te arrastraste, mientras te pisoteaban, te aniquilabas tu solita. Demasiada frustración junta para que la puedas entender, es muy duro ver a alguien destruirse de esa manera, por cabezonería…

-¿Crees que fue cabezonería, enserio?, me has demostrado, que no me conoces, y mucho menos, no eres capaz de conocer los límites de lo que podemos llegar hacer para que nos quieran algo. No entiendo como lo podéis hacer… como podéis no sentir, no querer, como protegéis vuestro corazón… como no sufrís… ¿Cual es vuestro secreto?…

La conversación siguió y siguió. Todo llevaba al mismo punto. Yo era masoquista, yo era la que me destruía, nadie, nadie me conocía. Estaba harta. Y no me quedó mas remedio que irme a mi habitación cerrar la puerta… y pensar.
Sin movimiento, perdiendo el tiempo me disponía a beberme el último pensamiento… e intentar dormir, aún a sabiendas de que cerraría los ojos, y aparecería. Tan precioso que me dolería, y sería como los demás. Mantendría el silencio callado por una madrugada mas, y sinceramente no creo que aguantara por mucho tiempo escondido. Me daba miedo, miedo de que estallara, de que las frustraciones se escaparan, y se mostraran al mundo. 
Sin embargo, y aunque soy consciente, todavía estoy viviendo una farsa. Durante meses, me he encerrado por banda, me he encasillado, he creado mi propio sitio, me he aislado y me he protegido. Eso no puede ser bueno, y sin embargo es lo mejor que puedo hacer para intentar que mi vida, cogida con pinzas no se caiga de nuevo, y desde luego no me la pisen, como pasa siempre. Al fin y al cabo, su parte de razón lleva, cuando me dice esas palabras tan duras…
Estoy harta de vivir en esta situación, pero no me queda otra… estoy en punto muerto. Si me empujan hacía atrás caigo, si estiran de mí ando. Me dejo llevar por los vendavales, y únicamente me envuelvo en una coraza que no deja pasar el daño. Tan triste como eso, tan real… como mi vida misma.

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Primavera de partido. (Relato. Elaine Holmes.) 3/5/09

mayo 3, 2009 at 1:53 pm (Relato.)

 

7:45 p.m. Gente de un lado a otro, sin cesar, inundando aceras y carreteras, sin más objetivo que el de llegar a ver el partido de las 8 h. en sus casas, en un bar ruidoso, en cualquiersitio que tenga una gran pantalla (hoy día, en todas partes hay grandes pantallas). El primero de mayo no es para ellos fecha de revolución, sino de compras: el día de la madre, la compra del mes, regalos de la comunión que tienen el domingo. Atrás quedó 1808, 1936 o 1968. Esos mayos cayeron en el olvido, porque hoy no es el centenario de nada que las instituciones quieran rememorar con absurdos actos, libros, programas televisivos o reportajes dominicales.
La primavera ha muerto antes de comenzar, y sacan su cadáver en bolsas de El Corte Inglés para enterrarla. Y yo, estúpida nostálgica, estoy aquí perdiendo el tiempo para que lo gane este papel, que también olvidarás en cuanto lo leas. Ahora me encuentro en una burbuja de madera, libros, café y música, fuera de contexto -por suerte-, atemporal, inerte, expectante. Esperando ver banderas y pancartas de tiempos olvidados cada vez que giro la cabeza hacia la ventana, mirando el reloj, a ver si pasa algo de una puta vez.
Ítaca. 
2 de Mayo de 2009 (Mi Gloriosa).
7:45 p.m. Gente de un lado a otro, sin cesar, inundando aceras y carreteras, sin más objetivo que el de llegar a ver el partido de las 8 h. en sus casas, en un bar ruidoso, en cualquiersitio que tenga una gran pantalla (hoy día, en todas partes hay grandes pantallas). El primero de mayo no es para ellos fecha de revolución, sino de compras: el día de la madre, la compra del mes, regalos de la comunión que tienen el domingo. Atrás quedó 1808, 1936 o 1968. Esos mayos cayeron en el olvido, porque hoy no es el centenario de nada que las instituciones quieran rememorar con absurdos actos, libros, programas televisivos o reportajes dominicales.
La primavera ha muerto antes de comenzar, y sacan su cadáver en bolsas de El Corte Inglés para enterrarla. Y yo, estúpida nostálgica, estoy aquí perdiendo el tiempo para que lo gane este papel, que también olvidarás en cuanto lo leas. Ahora me encuentro en una burbuja de madera, libros, café y música, fuera de contexto -por suerte-, atemporal, inerte, expectante. Esperando ver banderas y pancartas de tiempos olvidados cada vez que giro la cabeza hacia la ventana, mirando el reloj, a ver si pasa algo de una puta vez.
Ítaca. 
2 de Mayo de 2009 (Mi Gloriosa).

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El cuarto esférico. (Relato. Bujum.)30/4/09

abril 30, 2009 at 1:15 pm (Relato.)

 

El murmullo cesaba. La luz… si es que la luz había estado allí en algún momento, se extinguió. Recuerdo… recuerdo esos haces atravesando su pelo, filtrándose a través de sus palabras, reflejándose en sus ojos, y atravesando su corazón. Esos haces brillantes, ahora muertos, no volverán jamás, no me permitirán nunca más bucear en sus ojos, ni leer su alma. Por que yo les he pedido que no lo hagan. Tampoco había oscuridad. Nada giraba, nada se movía, nadie hablaba, no había nada. Ni siquiera la soledad se había atrevido a poner allí un pie. Porque yo… porque yo le pedí que me dejara a solas. Ni mis pensamientos, ni mi voz, ni mi cuerpo me acompañaban en este viaje, en el que no iba a ninguna parte. En realidad, la única forma de estar en todos sitios. Y a pesar de no ver, y de no poder oír, ni tampoco poder alzar mi voz en la ausencia del silencio… porque no había ruido, no sonaba una melodía, ni tampoco me oía pensar. Simplemente, cuando todo está en silencio, él está ahí, levantando esa especie de murmullo que te acompaña para que nunca, nunca, te sientas solo. Pero yo le había pedido que se marchara, que estuviera con otra persona que quisiera su compañía. Porque yo, no. Y poco a poco, esa oscuridad desligada de todo color, devoradora de materia, de realidad, me iba inundando, se comía los límites de mi forma, y los difuminaba, otros los borraba, y otros los estiraba hasta que se hacían invisibles y se fundían en el infinito explotando sin sonido en una incontable cantidad de nada. Y paulatinamente sentía como su tacto frío llegaba hasta mi cabeza. Me estremecí por última vez, sin sentir movimiento alguno. Mi estremecimiento debió surgir en algún lugar lejos de allí, quizá desencadenando la caída de una hoja. Caía, sentía el movimiento. Apenas me sentí una partícula inerte cuyo color, textura y forma se perdía en un suspiro. Y al darme cuenta de esto, esa partícula voló, y…

 

En algún lugar del universo una espiral surgida de la nada giraba y se agrandaba arrasando a su paso cualquier atisbo de normalidad, anormalidad, pensamiento, verdad… o mentira. Devoraba la realidad. Un espíritu observaba curioso el sinfín de formas que se dibujaban en su superficie, como si fuera una enorme bola translúcida donde se sucedían extrañas y engañosas figuras que gritaban, reían, lloraban, corrían, y todo de una forma escandalosa. Era como si hubiesen exprimido una mente humana y todo su contenido se hubiese colocado cuidadosamente en forma de pantalla esférica, donde los pensamientos, ideas, memorias, y todo su contenido pudiese vagar libremente. No se había visto nunca nada igual. Era como si un humano hubiese sido capaz de crear un agujero negro con la fuerza de la inmensidad de su mente. Nadie sabía cuán peligroso podía ser intentar atravesar dicha barrera. Uno podría quedar perdido para siempre entre los interminables y vertiginosos laberintos de la mente. Podría hallarse en recónditos agujeros nunca explorados ni utilizados. Ser devorado por los recuerdos del humano. Una gran congregación de seres invisibles del aire, almas, acompañantes silenciosos, pequeñas partículas… todos, se habían reunido, fascinados por las imágenes entrecortadas de aquella mente humana. Eran confusas, y mudas. Algunas figuras solo gritaban. Otros murmuraban en voz baja, y otros lloraban con alma desgarrada. Eran de diversos colores: los más oscuros correspondían a los lentos recuerdos dolorosos, y los colores brillantes a los frenéticos saltos vertiginosos de las figuras danzantes. Y la bola se expandía cada vez más. Y, de pronto, inesperadamente, apareció un leve zumbido agudo, que subía un momento, se detenía, y volvía a subir, y hacía cabriolas y daba vueltas sobre sí. Era el tiempo, un segundo, y luego otro, empujado por el de atrás, y este a su vez llevaba a otro de la mano, que lanzaba en un impulso, hasta que, en un descuido, fue lanzado un segundo a la superficie de la bola, la cual lo absorbió inmediatamente, cesando el zumbido al momento, y sumiéndose el mundo en un instante congelado…

 

La pequeña fracción de tiempo atravesó velozmente aquel mundo inhóspito cargado de cadáveres de realidad que intentaban aferrarse sin éxito a él creyendo que podrían regresar así a la vida. Corrió y corrió, intuyendo un pequeño halo de existencia en algún lugar en el centro de aquella enormidad. Y cada vez se apagaba más.

La oscuridad se volvía espesa, era difícil traspasarla, pero un pequeño rayito de luz la atravesaba débilmente, como una bengala de socorro. Alguien gritaba en alguna parte, pero no había un soporte donde sostenerse. Aquel segundo comenzó a crear nuevos segundos, y segundo a segundo, se fue plagando el espacio de tiempo, y así discurrió un minuto. Minutos más tarde, la fracción se había trasladado hasta la fuente de la emisión de la luz incorpórea, y sentía que un débil ruido luchaba por hacerse camino en la inexistente atmósfera. Lanzó otro segundo: “CHACK”

“ TUM”. Allí sonó. Era el latido de un corazón. Se sucedió otro segundo. Y otro latido. Y ruido a ruido, la inestable situación del éter se fue normalizando, y el débil halo de luz brilló con más fuerza, dejando ver una amorfa figura sin líneas ni color. Lentamente, brillaba una línea, y otra, y así fue formándose la figura anteriormente indefinida, que en algún momento se había perdido en una caja en el estante del fondo del pasillo polvoriento del recuerdo. Un calor recorrió la parte superior de la figura, haciendo que se estremeciera, sin moverse. En algún lugar, una hoja nacía…

 

Los seres invisibles observaron como surgía de la masa viscosa el pequeño segundo con su zumbido habitual. En ese instante, el tiempo volvía a la normalidad.

 

Aquella partícula regresó de alguna parte. O, simplemente, estaba allí. Sentí que aquello ya lo había vivido, que había caído en un extraño sueño dentro de mi propio sueño interminable. Es curioso que sentía que caía, cuando sabía perfectamente que no me movía, cosa que hace un segundo no me había planteado. ¿ Un segundo? Sentía el tiempo discurrir, ese hilo mental; se sucedían unos pensamientos a otros. Recordaba la hoja, estaba cayendo… Y sentía mi forma, formas planas que dibujaban mi figura. El calor en mi cabeza, se agitaba, bullía… Mis pensamientos. Estaban allí, acompañándome, en vez de abandonarme por mala dueña. Éramos tan solo mi mente y yo.

Y, a pesar de todo, allí había alguien. Alguien me observaba, desde una esquina en el cuarto esférico. Algo que susurraba cosas, en una clave imperceptible por mi oído. Alguien que se reía entre dientes, y que a la vez sollozaba, con el alma destrozada. Ese ser, que había encontrado un espacio en mi espacio, podía observar perfectamente mi cuerpo ausente, escuchar mi voz muda, leer mi alma desdibujada, y sentir mi sufrimiento, aquel que yo creí haber dejado en otra parte. En ese mismo instante, cuando me di cuenta de que, a pesar de haber intentado estar sola, y haberme desprendido de todo lo que no necesitaba, algo, o alguien, había conseguido filtrarse en aquel tiempo congelado, sentí el miedo. Ahora, lo que había sido ausencia de oscuridad, y simplemente calma, se convertía en la más profunda y aterradora vorágine en las que mi atormentado ser se había visto involucrado jamás. Estaba desprotegida, desnuda, abandonada… La soledad me absorbió en su red interminable de dolor. El silencio cayó sobre mí haciendo resonar mi realidad.

  • ¡NO!

Mi voz… Y el silencio se quebró. La soledad se acurrucó junto a mí. Estaba fría, pegada a mi costado, buscaba mi calor. La oscuridad nos envolvía ahora. Realidad… No… No recuerdo por qué la dejé… Pero no quiero averiguarlo…

  • ¿Por qué?

Su voz. La recordaba suave, adormecedora… De otra ocasión. ¿ A quién pertenecía, que me era dolorosamente familiar? Se oyó un ruido seco a lo lejos. La realidad se acercaba lentamente, con su cojera habitual. Ahora oía mis pensamientos. Se habían disparado. Se agitaban, daban vueltas, se entretejían, se estrangulaban y morían. La paz tocaba a su fin. El miedo era latente. Mi corazón apareció, despacito, pero latiendo con fiereza, recordándome que aún luchaba, que aún gritaba, que aún tenía coraje para bombear y mantener así mi insignificante vida. Mi oído se agudizó. A lo lejos, alguien arrancaba suaves y pesadas notas a un violonchelo. Suave, muy suave. Lenta, muy lentamente, el arco iba deshaciendo, una a una, las pequeñas notas que se aferraban a las cuerdas del instrumento. Este aún dormía, y el arco, sediento de música, le robaba la melodía, porque sin esas cuerdas, sin esas cuerdas él no era nadie… Y las notas volaban, describiendo surcos coloridos y florituras en el aire, y llegaban hasta mi cabeza, donde un nuevo pensamiento era introducido en mi mente. Veía, no; sentía, esbozaba, olía, saboreaba retazos de mi vida, de lo que había sido, de lo que no era ya.

Aquella voz seguía retumbando en la atmósfera, que ahora se había hecho palpable, y mi cuerpo, tendido sobre un suelo duro y frío, absorbía ese aire enrarecido, ansiosamente, perfectamente consciente de que mis pulmones lo recibían con agrado. La respiración no era rápida ni dificultosa: solo mi corazón latía a una velocidad que mis venas no podrían soportar mucho tiempo más. Experimenté aquel delicioso dolor físico que, por unos minutos, alejaba mis pensamientos del dolor espiritual. Dulce, dulce dolor…

  • Despierta.

Obedecí. Abrí los ojos. La oscuridad se manifestó realmente. El suelo estaba. También paredes. No lo había soñado, era un cuarto redondo, realmente. Redondo e inmenso.

Y en medio de la red entretejida por mi mente, un desconocido se había colado, empapándose de todo mi ser, fundiéndose en mis raíces, colgado de mis pensamientos. Sabía que me escuchaba, y más aún: que leía en mi mente como si se tratara de una pizarra.

  • ¿ Dónde estoy?

  • En algún lugar… Entre el principio y el final.

  • Mi principio me miró de soslayo hace ya mucho tiempo…

  • No es verdad.

Silencio. Su voz era cada vez más suave, más lenta y calmada, y la música sonaba con más fiereza que antes, y los pasos, la cojera, estaban más y más cerca.

  • ¿Cuánto tiempo llevo aquí?

  • ¿Importa eso?

Pensé un momento.

  • No lo recuerdo…

  • Exacto.

  • ¿Qué quieres decir?

Calló. Dudé de si seguía allí, aunque un presentimiento me decía que sí.

El aire se veteaba en rojo, como llamas, como pinceladas ardientes danzando bajo la fresca noche de verano. Cobraba color, cobraba sentido. Ya no parecía un sueño. Sentía furia.

– ¡Eres cobarde! ¡Deberías permitir que viese tu rostro! ¡Porque sé perfectamente que tú puedes ver el mío!- bajé la voz-. Y ver a través de él.

No respondió inmediatamente, pero podía oírlo jadear, y su respiración se aceleró, acompasándose a la mía. La música, antes suave, ahora era frenética y mareante.

  • ¿Y qué pasó?

No tenía que explicárselo, porque para ella mi mente era una pizarra donde iba leyendo todo lo que se me pasaba por la cabeza. Las notas me golpeaban. Destrozaban, furiosas, las suaves hilos de los que colgaban mis recuerdos, y todo se enmarañaba. Solo recuerdo la quietud, el silencio sepulcral que me mareaba, la sensación de angustia me tiraba desde la garganta y hacía que todo mi cuerpo se derrumbase, mientras me deshacía en un paroxismo final. Y esos haces de luz…

– Y viniste aquí.

Dudé un instante.

  • Sí… la busqué por las profundidades de mi mente. Intentando revivirla a base de retazos, de recuerdos, para que no se perdiera, para retenerla eternamente entre mis brazos… Creí que sería posible, pero ahora entiendo que no. Había sido tan corta su vida, nuestra vida…

Y entonces vi el rostro de la voz. Se sentaba frente a mí, en el suelo, con las manos entrelazadas sobre el regazo, y las piernas cruzadas, clavándome unos profundos ojos verdosos. Su mirada me deslumbró, era inquisitiva y tristemente familiar. Entonces la luz se hizo más fuerte, y observé que estaba viendo mi reflejo en un espejo. Todo el tiempo era yo. Todo el miedo, la angustia, las palabras y los recuerdos, me los estaba proporcionando yo.

  • ¿ Y qué has encontrado aquí?

En aquel momento entendí que jamás volvería a encontrar su esencia, si no fuese en los recuerdos que aún mantenía de ella. Pero que aquello era tan solo ahogarme en mi propio ser, de tal forma que nunca la hallaría si apenas yo sabía donde estaba.

  • Quiero irme a casa…

Desperté en lo que me parecieron horas después de mirarme a los ojos por última vez. Sentía el cuerpo liviano y dolorido, expuesto a una gran tensión. Frágil como una copa de cristal. Lentamente observé el cielo cárdeno que se extendía al otro lado del ventanal. Las nubes se entretejían perezosamente en un último suspiro antes de dejar paso a la noche. Oía pasos y voces, a lo lejos. También alguien que lloraba. Supe que alguien me observaba, en silencio, pero ya no tenía miedo. Me despedí del largo día, mientras esas nubes se llevaban mis recuerdos.  

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Egoista. (Relato. Silasparedeshablasen.)30/4/09

abril 30, 2009 at 12:47 am (Relato.)

No me motiva para nada este block de notas de tres al cuarto.
La habitación con olor a pies,
la ropa por los suelos.
No tengo ni siquiera intención de escribir algo que merezca la pena.
Solo escribir , total ¿ que más da? Hace tiempo que dejé de
emular a reconocidos prosistas que con sus bets seller habían
conseguido encandilar
a media europa.
Yo no tengo la necesidad necia de contar historias, de crear vidas
que no existen.
Mi único propósito al escribir es sentirme bien.
Sin decir nada, no me hace falta decir nada.
Ni que tu entiendas nada cuando lees lo que escribo.
Basta con que yo me sienta bien.
Este es mi modo egoista de mostrar al mundo que me importa un bledo
su mierda de dinamismo.
Su falta de involucración en proyectos que proponen con la intención
de mostrar a la gente una burda mentira como realidad.
¡Hah!¡¿ Que clase de imbéciles somos?
Esta de moda hacer las cosas para agradar a los demás.
Pero en el fondo todos somos unos narcisistas innatos.
Nos corrompe el odio, nos devora el seso que alguien destaque un poco más
en algo que nosotros consideramos que sabemos hacer bien.
Y yo me he cansado de intentar intentarlo sin cesar.
No tengo inspiración por que la escoria que veo cada día es tan jodidamente
aburrida que no hay nada que incendie esta cerilla que duerme dentro de mi.
Y si. SI. ¡SI! Soy una jodida egoista, una puta egoista a la que le gusta
gastar y que ofrece a los demás por que con ello se engrandece.
Puede decirse a si misma: ¡ que bien lo has hecho!
Me gusta , me gusta , y tengo los cojones de decirlo.
Los cojones de anunciar algo que vosotros escondéis,
tenéis miedo de lo que puedan pensar, de lo que puedan decir,
tenéis miedo desde que os cortaron el cordón  umbilical y os desligaron de lo
único que os protegía de esta sociedad depredadora.
Incluso antes teníais miedo, antes de saberlo teníais miedo.
Os daba pánico salir de aquel líquido amniótico que os aislaba de las pugnas
que se libraban afuera.
Y ahora escribo por que me apetece no decir nada.
Solo quejarme y reprochar a la humanidad que sea tan vanidosa,
y que no tenga la decencia de hacer lo que quiere hacer realmente.
Putos parásitos de mierda.
¡necesitais de alguien para ser alguien!
Y luego, ja, luego os pintais la palabra libertad con tinta roja en la frente.
O subís a una montaña de aire y os creéis dueños del
destino que os moldea como le place.
Yo solo soy otra hoja en blanco como vosotros.
Pero no me creo llena de secretos y mensajes ocultos.
Soy lo que callo cuando lees.
Por que no tengo intención de decir absolutamente nada cuando escribo.
Así que deja de rebuscar el transfondo.
Vete a tu casa, tomate un te, y sigue mirándote al espejo.
Se está mejor dentro, creeme.

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Para ti. (Relato. Lady Druma.)30/4/09

abril 30, 2009 at 12:09 am (Relato.)

Déjame soñar contigo para no despertarme jamás,déjame mirarte a los ojos y entrar en ti, ver que tu alma quiere partir junto a la mía, deja que mis besos hablen del amor, que al rozar nuestros labios sienta que todas las melodías de canciones perfectas se junten y formen un aura preciosa de notas que nos hagan sentir. Deja que duerma en tu regazo y sienta el latir de tu corazón, escuchando el ritmo de un te quiero, deja que el sol refleje en tu cara la armonía cada mañana al despertar, y deja que sea yo quien pueda contemplarlo y nadie mas. Deja que el tacto me revele la perfección de tus formas, la perfección en si que eres tu mi divinidad. Déjame caminar a tu lado hacia ese lugar que es la vida, que quiero compartir contigo, como dos niñas al compartir su mejor juguete. Deja que tu abrazo y el Mio una un solo cuerpo y que formemos juntas una maqueta de nuestro perfecto amor. Déjame sentirme como aquel día, cuando tus ojos y los míos cruzaron palabras y hablaron por primera vez de lo que siento ahora más fuerte que nunca. Déjame formar parte de ti, y que al caminar una sin la otra no lleguemos a ningún lugar. Déjame unirme a ti cada noche y notar que el tiempo se hace eterno, y no dejar de sentir tu cuerpo contra el mío nunca jamás.

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Tapíz. (Relato. Bujum.)29/4/09

abril 29, 2009 at 11:28 am (Relato.)

Pero, ¿qué quiere?

Pero, ¿qué quiere?

Solo mirarte, aunque sea en la lejanía, ¿no lo entiendes?

Pero nadie la escuchaba y sus palabras se mezclaban con la bruma.

Pero ¿qué quiere?

Te doy mis ojos…

Nunca había brillado con tanta intensidad, y su mirada se cegó en esa luz invernal.

Pero ¿qué quiere?

Al final nadie responde. Al final retiró la mirada. Al final no quiere ni deja de querer. Al final descubrió que su preguntas ansiadas habían caído en el abismo del absurdo, como todas las preguntas, como todas las miradas incomprendidas.

¿Qué quiere? Pregunta angustiado.

Pero ya es tarde, demasiado tarde.

Mis ojos ya no son para ti. Has escapado del tapiz.

Ahora son del mundo, del mundo que mira, que entiende y calla. Y no me enreda con las ramas marchitas de un árbol que nunca nació y que nunca morirá y que se yergue insólito en medio de ninguna parte, mientras sombras inconclusas susurran: de arena… de hojas… de arena. Sí son ruidos, son ruidos, de miles de almas que gritan, angustiados, y que preguntaban antes que tú, y que cayeron en el olvido. Estás condenado, condenado a vagar para siempre describiendo círculos alrededor del árbol muerto, esperando una respuesta porque crees que existe, y porque crees que ese será el fin de tus días, pero no es así. Empiezas a verlo, ¿verdad?

¿Qué quiere?

Ese es mi corazón. Un ruido de hojas… de arena… de hojas…

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Una vida tras otra. (Relato. Yuste.) 29/4/09

abril 29, 2009 at 8:02 am (Relato.)

Es mentira.

No hay relatos que valgan la pena. Ni cuentos, ni fantasías. Ni obras de dos tomos tantas veces vendida, ni caballeros locos de épocas desconocidas, ni escuderos pobres con niños en su regazo. Ni revolución, ni ideología. No, que no, que nada de eso existe. 

Ni canciones ni puertas hacia la jungla, ni escaleras hacia el cielo, ni tonterías hechas verso. Ni versos, ni narraciones, ni sueños, ni canciones.

No, repoto, nada de eso es verdad. Ni el pasado, ni el futuro, y menos el presente. No te fíes de las horas, ni del ahora. No, nada de eso, nada de eso existe. Ni tú, ni yo. O al menos yo no.

Por eso, te pido, vive. Sea por lo que sea, pero vive. Antes de que tu aliento invisible empañe el cristal de la vanidad con su alma transparente.

Vive. Porque solo este papel y tú, estáis vivos.

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