Rojo. (Prosa poética. Boturo.) 14/05/09

mayo 14, 2009 at 9:54 am (Prosa poética.)

Rojo. Rojo era el carmín de sus labios aquella noche, y de rojo quedó marcado mi corazón cuando la vi: de sonrisa soberbia y mirada impenetrable… La chica vestida de diablesa… Caminaba radiante entre la multitud. Pasaba desapercibida y para muchos era sólo otro rostro más, pero unos pocos percibimos ese brillo en su mirada, ese atisbo de sonrisa dormida en aquellos maravillosos labios, ese viento ingrávido que movía cada brizna de su cabello a cada paso que daba…
Fue así. Sin más. Me enamoré. Sin conocerla, sin saber cómo se llamaba, sin saber cómo era o qué cosas le gustaban… Nada de aquello hacía falta esa noche. Pensé una y mil veces en acercarme a decirle algo:
– Hola señorita, ¿Cómo se llama?… ¿Viene sola? ¿Tiene novio? …. ¿Quiere casarse conmigo?…
Pero no me acerqué. Esas cosas sólo pasan en los cuentos de hadas. Me limité simplemente a mirarla en la distancia, a seguir aquella sonrisa desde la oscuridad, a intentar atravesar aquel muro tras el que escondía su verdadera mirada…Traté en vano de perderme en aquellos ojos… Entonces sucedió: por un instante, sentí que me miraba. Y nuestras miradas se fundieron, aunque solo fuera un segundo. No pude contener la emoción y una lágrima resbaló furtiva por mi rostro. Fue el segundo más largo de toda mi vida.
Pero como todos los buenos momentos, mi segundo de dicha pasó. Un chico se había acercado entre la multitud y le daba dos besos, mientras ella lo abrazaba. Quise matar a aquel muchacho. La estaba abrazando, le daba dos besos, la tenía al lado, susurrándole algo al oído. ¿Acaso aquel muchacho no sabía lo afortunado que era? Mi cabeza daba vueltas y vueltas, el suelo no paraba de moverse, las ideas me atacaban sin descanso.
Necesitaba acercarme, no importaba qué pudiera decir o pensar de mí. Necesitaba ponerme a su lado, preguntarle su nombre, invitarla a una copa, hablar con ella… O seguir bebiendo hasta emborracharme, maldecir una y mil veces mi suerte, y acabar marchándome, de nuevo con el amargo sabor de la derrota en los labios…
Cualquier cosa era válida con tal de olvidar aquella sonrisa o hacerla mía para siempre.
– Por favor no me tomes como un loco si te pido que no sigas caminando… Estoy seguro de haberte encontrado. Soy lo que andabas buscando: el chico que esperabas. Déjame hacer tus sueños realidad, ver como te duermes cada noche. Quiero adivinar con qué sueñas, esperar a ver cómo amaneces cada mañana. Déjame emprender contigo un viaje que solo nos pertenezca a nosotros. Vayamos a buscar tesoros enterrados en playas que no figuran en los mapas… Déjame enseñarte ese lugar donde el mar y el cielo rozan sus labios…
Hubiera sido un último gesto noble y bello para aquella noche. Hubiera valido la pena intentarlo…
Al menos habría hecho algo más que marcharme a casa, solo y borracho otra noche más, con el recuerdo de aquella sonrisa sublime y esa mirada implacable en mi cabeza.
La vida no da segundas oportunidades, pero ¿quién sabe? …
Si al menos le hubiera preguntado su nombre, ahora sabría a quién dedicar estas líneas…

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1 comentario

  1. Dana Andrews said,

    Muy bonito, aunque hunbiera sido preferiblo traspasar el muro y no contentarse con ser espectador. Me gustó ese lugar donde el mar y el cielo rozan sus labios.

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