Azul. Capítulo III (Novela. Yuste.)

mayo 2, 2009 at 6:48 pm (Novela.)

La lluvia.

Hay momentos de nuestra existencia que nos vemos rodeados de lluvia. La cristalina presencia de diminutos cristales acuosos recorriendo un largo camino, separados los unos de otros, acariciándose en contadas ocasiones, tristes durante gran parte del periplo.

Y al final, lo ves todo venir, oscuro y melancólico, de distinto destino, de distinto tacto. ¡Pum! La lluvia es una extraña metafora de la vida. La ves de lejos y cuando termina, o sucede, dices, ¿ya? Y no está compuesta por una sola “agua”, sino por una sociedad, una sociedad de gritos, lamentos, asesinos, y problemas.

¿Cuál sería el problema de mi hermano? Me pregunto, caminando detrás de su urna, donde su cuerpo calcinado reposa cual charco recien formado. Puede ser extraño, pero estoy seguro de que, al mirar dentro, podría ver mi reflejo en esa capa de polvo tostada, haciéndome recordar viejos tiempo…

-¿Profesor? -me preguntó él hace dos años cuando le dí la noticia.

-Sí, en un instituto de un pueblo. Con niños de doce años.

-Aldar…-se acercó con tranquilidad y me cogió por los hombros, como si él fuera el hermano mayor-, tienes cuarenta y un años, has trabajado durante más de veinte en… eso que estabas trabajando, ¿por qué ese cambio? Tienes dinero de sobra para vivir sin hacer nada hasta que fallezcas, no lo entiendo.

Aparté sus dedos de mi cuerpo y lo miré a los ojos. Caminé durante varios segundos alrededor de la extensa cocina, rodeando la mesa redonda. Me detuve en el otro extremo, fijandome en su tranquilizadora presencia. Ninguno de los dos tenía más poder que el otro, decía nuestro cuerpo.

-Necesito un cambio. Estoy cansado y…-miré mis manos-… y arrepentido. Además, ya están todos mis asuntos zanjados. Ya no tengo más historias que contar.

-Siempre hay historias que contar, Aldar.

-Yo ya no.

-¿Acaso no quieres ser profesor justo por eso? ¿Para contar historias?

En cierto modo, tenía razón.

-Y tú eres científico. Tu cometido no es otro que descubrirlas…-apunté.

-En ningún momento he dicho que no. Y, de hecho, hay una nueva historia que tengo que descubrir. Me acaban de contratar para una investigación en Hammlet-no había orgullo en su voz, no debía haberla.

-¿Hammlet? ¿Por qué tan lejos?-Eso estaba en la otra punta del planeta.

-Sólo sé que es una gran oportunidad para mí. Volveré a mi apartamento en Otello una vez cada dos meses para actualizar mis archivos, y no perder nada, pues el tema que me toca tratar es muy importante: Han descubierto un pequeño brote luminoso que surje del suelo y que hace que, cualquier aparato eléctrico cercano, funcione sin estar conectado a la corriente.

-Eso es…-Una devacle. Sería una devacle, pensé- impresionante. Me alegro por ti.

-No. No lo haces.

Y tenía razón, no lo hacía. Ahora no puedo decirselo. Ahora camino hacia la playa pero la arena va por delante de mí. Ahora me estoy ahogando.

Somos pocos. Cerca de veinte personas. La familia Kilenai nunca ha tenido numerosas amistades. Somos pocos, y estamos confusos. No sabemos porqué le han hecho lo que han hecho. El trabajo de la policía ha sido cerrar la boca. Nadie sabe nada. Somos pocos y estamos perdidos, siguiendo un fantasma bajo un relato donde la luna está a medio hacer. Somos pocos, y muchos queremos gritar, pues tenemos una extraña sensación, la de estar viviendo una guerra. La que siempre quisimos. La que un segundo después odiamos con la fuerza con la que el huracán arranca la casa y la aleja de sus cimientos, con la fuerza con la que hércules parte la mandibula del león.

¿Qué motivos puede tener nadie para asesinar a mi hermano? Me pregunto mientras escucho las oraciones y contemplo la urna undirse en la tierra del cementerio.

Hace seis meses, mientras el barroco aroma del café inundaba mis débiles sentidos, y la pluma, una mera extensión de mi cuerpo, corregía un examen tras otro, recibí una llamada.

-¿Diga?

Silencio, y nada más.

-¿Hay alguien ahí?

Colgué y me dí media vuelta. Y justo en ese momento, como si me estuvieran observando, como si me estuvieran fichando, volvió a tronar ritmicamente.

-Señor-dije-, o señora, de verdad pido vuestro perdón, pero no consigo escucharle.

-Aldar…-era la voz de mi hermano, quejumbrosa, partida.

-¿Elric? ¿Pasa algo?

-No sé… esto es muy raro…

-¿El qué? ¿Qué ocurre?

Pero no dijo nada. Durante largos segundos mantenía su cargante respiración sobre el auricular, y parecía que en cualquier momento iba a estallar. Mis oídos fueron acumulando su ritmica acción mientras mi pecho se cargaba de una ansiedad que acabó por disparar mis palabras cual sherif llamando la atención del pueblo.

-¡Joder! ¿Qué cojones pasa?

-…es el Azul, es mágico, es… poderoso… es peligroso-decía entrecortadamente.

-¿El Azul?

-…es mágico… es poderoso… es peligroso…

-¿Qué dices? No te entiendo…

-Mi investigación es peligrosa…

La imperiosa necesidad de apretar mi puño y estamparlo contra su rostro se apoderaba de mi cuerpo segundo a segundo.

-Elric, aclárate, por favor. No te entiendo.

-No es eso, Aldar. Simplemente no… no debes entenderlo, ¿vale? Déjalo así, por lo pronto.

-Quiero ayudarte.

-Adiós, Aldar.

Y no supe nada más de él, hasta hace tres días.

Entre la lluvia, someros llantos, clásicos cantos, y tierra, el cuerpo de Elric Kilenai, convertido en cenizas, se perdió para siempre. Tumbada, la lápida decía, “investigando el modo de seguir sonriendo, nos veremos más tarde”.

A la salida del cementerio mi hermana interrumpió una llamada telefónica que tenía.

-Luego hablamos-le dije a la persona al otro lado, y colgué.

-Esto es muy fuerte, Aldar…-gesticulaba mucho, como de costumbre.

Con veinticinco años y apenas sabía como comportarse. Sus deseos de servir a la justicia convirtieron su cuerpo en esculpido, bello, y fuerte, pero seguía teniendo en su interior las manías de una niña.

-¿Qué ocurre?-Delante de ella, siempre tenía el gesto torcido, nunca sabía por donde podía salir.

-Es que cuando te lo cuente no lo vas a creer porque es increible, de verdad…

-Arandea, cuentamelo ya…

Tomó aire.

-Han cerrado el caso de nuestro hermano. No van a decir, ni hacer nada más. Elric ha muerto asesinado y no sabremos ni quien, ni porqué.

Sólo en ese momento comprendí lo que él me dijo hace medio año:

Déjalo así, por lo pronto”.

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